-¿A qué atribuye las cíclicas crisis económicas y los vaivenes políticos del país?
-Primero, claramente, a la falta de visión de un país, hacia dónde vamos, qué queremos, qué modelo, qué vamos a desarrollar. La Argentina tiene que cuidar actividades que no son competitivas, pero que son socialmente relevantes. La industria textil es más barata en China o India, tiene 20 millones de problemas, pero trabajan mujeres y jóvenes donde hay 20% de desocupación. Segunda variante las políticas públicas, o sea somos una máquina de ir y de venir ¿no? Y tercera variante, la corrupción. Para mí la corrupción nos daña mucho, pero no explica el gran problema argentino, que es que no vamos para ningún lado. No sabemos el rumbo.

Imagen: Juliana Nastaro

-¿Y por qué con 34 años sucesivos de democracia no vemos un desarrollo integrado y tenemos una explosión de pobreza?
-Tuvimos muchos vaivenes entre una idea de apertura de todo el Estado y todo el mercado. Y es cierto, hoy tenemos 30% de pobreza, unos 13 millones de pobres. Yo siempre digo que hay cuatro Argentinas. La Argentina de la pobreza estructural, el que es pobre, sus padres fueron pobres, sus abuelos fueron pobres, de la pobreza continua, larga, de quien no tiene lo mínimo: piso de material, servicios básicos y viene de pobreza grande. Eso es un 25% de Argentina. Con planes sociales, con mucho apoyo del Estado, con el mayor apoyo del Estado que existe en toda América latina.

-¿Y cómo reparte el resto hasta llegar a las cuatro Argentinas a las que alude?
-Hay una segunda Argentina que es el 35%, la del empleo informal, la Argentina vulnerable: gasistas, plomeros, carpinteros, los que hacen changas, tienen trabajo en negro. La llevan precariamente, se autosostienen económicamente. No dependen del Estado, pero sí dependen de cómo funciona la construcción y la industria social; los vaivenes argentinos los van volteando o no. Este mundo de la informalidad económica está asociado a la construcción y a lo textil . Entre esas dos Argentinas tenés el 60%.

-¿Tanto le parece?
-Es así: 35 más 25. En la Argentina el 60% de la gente está complicada y con problemas en lo económico. Un 25% es pobreza estructural, el otro es un tema de trabajo precario, que la lleva como puede. Es una Argentina que tiene algunas ventajas, como que todos tratan de ir a la escuela y tener una chance de progreso.

-¿La escuela sigue siendo valorada en esos segmentos que usted describe?
– Mucho más de lo que se cree.

-¿Muchos pibes de ese sector tan golpeado no aspiran más al delivery de la droga que al progreso a través del estudio?
-Ese puede ser un modelo en los picos de crisis sociales muy graves. Pero la Argentina no es la novela colombiana del pibe que se fascina con los narcos. Acá, el pibe busca estudiar, trabajar, agarrarse de todos lados. Se cae, se golpea, pero la droga no es su modelo natural. Los pibes son sanos en la Argentina, buscan estudiar, buscan trabajar, los padres inculcan que tienen que trabajar, que tienen que estudiar. Lo que pasa es que se les cierran todas las puertas.

-¿Los “polaquitos” son una consecuencia de eso?
-Rebotaron en todos lados, chocaron en todos lados. El que vende droga presta asistencia social porque tiene billete y es el que da crédito, que es el problema en Argentina. Como todo el mundo está endeudado y no tiene plata, termina ahí. Pero la gente no va fascinada, va por default. Si el trabajo es un gran ordenador social, la droga desordena. Yla que empieza a ordenar es la escuela. Lo mejor que hay en la Argentina es la escuela, lo único que tiene legitimidad, lo único en lo que cree la familia es en la escuela. La escuela tiene infinidad de problemas. Los chicos se aburren, no terminan el secundario, no ven el vínculo entre las aulas y el trabajo ni con la vida cotidiana. Pero aun así, la escuela es el único buen lugar. La escuela es mejor que la Policía, es mejor que la Justicia, es mejor que la clase política, es mejor que el sindicato. Tenemos que agarrarnos fuerte de la escuela. Podemos discutir los contenidos, pero ésa es otra etapa. Yo creo que hay que distinguir dos planos, la escuela es el mejor lugar, no tenemos que petardearla, sino fortalecerla. Es con los maestros porque gran parte de ellos son los que ponen el cuerpo, los que están yendo, son los que ven al pibe medio caído y ven qué le pasa, se dan cuenta si hay violencia en la casa porque está caído y mira por la ventana y no atiende… esos son los maestros argentinos. Los cambios en la educación se hacen con ellos, no contra ellos.

-Lo vuelvo a lo del 60% que está complicado, ¿el resto cómo se estructura?
-Hay un 35% de clase media que es trabajo formal, público, privado. El sector público equiparó el salario con el sector privado, el kirchnerismo lo que hizo como diferente a lo anterior es que subió mucho el sector público, el salario del sector público, entonces hoy un docente, un trabajador estatal o un empleado de una actividad privada son clase media. Y después tenés un 5% de clase alta. Estas son las cuatro Argentinas. No es que el 60% sea pobre, sino que vive con dificultades económicas diversas.

-¿Y cómo se sale de eso, cuántas generaciones vamos a tardar para revertir ese cuadro?
-A mí me parece que si nosotros hacemos las cosas bien en una década damos vuelta por completo el cuadro social de hoy, porque tenemos muchas condiciones para darlo vuelta. Hay que decretar ya la emergencia alimentaria. Está bajando el consumo de leche, hay más gente en los comedores comunitarios y hay más chicos en los comedores escolares. Tenemos un problema alimentario muy fuerte en la Argentina de hoy.

-¿Qué es la “emergencia alimentaria”?
-Significa volcar dinero en los comedores comunitarios, en los comedores escolares, quitar el IVA en la canasta básica de alimentos. No hay que dar vueltas con este tema:en la Argentina comer tiene que ser barato. Se puede discutir si somos buenos o malos haciendo celulares. Alimentos, no. Esa es la base. El segundo punto es que estamos muy mal de infraestructura. Estoy caminando mucho el GBA. Nos faltan veredas, cloacas, tres millones de viviendas, núcleos húmedos, cordón, cuneta, cloaca, asfalto, todo eso es trabajo de mano de obra intensiva.

-¿Quién es más responsable de tanta decadencia y deterioro, la clase política, el empresariado, el sindicalismo
-Para mí, la clase política. Yo aprendí en los últimos años, porque no lo veía así, que la voluntad política puede más que todo. Lo que no se hace es por falta de voluntad política. Desde hace años que nuestra clase política no está a la altura de los problemas que tenemos.

-¿No se está autoincriminando?
-No. Yrigoyen le dio vida a la clase media, lo que se llamaba “la chusma”, lo que nadie veía. Perón le da vida a lo que hoy llamamos los trabajadores, o lo que se llamaría el trabajo industrial, existía previamente, pero nadie lo organizó y le dio identidad. Alfonsín hizo lo que tenía que hacer: consolidar la democracia. Y ahora, bueno, me parece que está faltando una clase política que esté a la altura de lo que hay que hacer. Mi teoría es que esto va a suceder más temprano que tarde. Se está gestando un tercer ciclo en la Argentina. Ese 60% del que yo hablo, la Argentina invisible que está afuera de todo, inexorablemente va a encontrar su espacio político.

-Me va a decir que eso lo hará Massa, ¿no?
-Yo formo parte de un espacio político, aspiro a que lo hagamos con Sergio Massa y con Margarita Stolbizer, si no somos nosotros lo hará otro. Lo único que estoy recontra seguro es que eso va a construir un nuevo liderazgo en la Argentina. Posmoderno. No el del peronismo que es previo a Internet, recién iniciada la televisión, no el del kirchnerismo. Un nuevo liderazgo que no será el caudillismo que ya vimos, el caudillismo del siglo XX. Esto va a ser un liderazgo del siglo XXI.

-¿Qué déficits y qué aciertos ve en el Gobierno?
-A mí me parece que el Gobierno no entiende a las dos Argentinas de abajo, las más pobres. No digo que sea perverso ni mal intencionado. No las comprende, no las capta, no las interpreta. No es cuestión de dar un plan social más.

-¿Y a la clase media la registra?
-La registra, pero le pega porque cree en el derrame, que cuando crezca la economía las cosas se van a acomodar. No interpreta que en Argentina lo que genera actividad económica, no genera trabajo, el Gobierno podrá conseguir inversiones para soja, minería, sector financiero, pero va a aumentar la pobreza si no se mueve la industria, la textil, la metal mecánica, el comercio. No hay derrame en Argentina. Estos sectores: soja, minería, sector financiero, te sirven para traer recursos… pero sin Estado no hay desarrollo en Argentina. ¿Qué valores le veo? El primero, que para mí es importante, es que entiende bien a los argentinos del siglo XXI. El Gobierno hizo la mejor campaña electoral que se podía hacer en 2015.

– ¿Y de Cristina qué me dice?
-Que había un hartazgo …para mí, la última Cristina quería evangelizar más que gobernar, quería contarnos cómo vivir, decirnos más que gestionar. Eso es imposible, en el siglo XXI nadie quiere que lo evangelicen o que lo conduzcan, es el siglo del individualismo.

-¿Y cómo se explica que esté tan bien posicionada en las encuestas?
-Es que el Gobierno pifió en muchas situaciones. Objetivamente, bajó el consumo de leche, hay más casos de tuberculosis, todo eso es pobreza. No hay doble lectura posible.

-¿Es consecuencia de la mala gestión o de lo que estaba abajo de la alfombra?
-De las dos cosas. Yo lo graficaría así, del 2011 en adelante todo empeoró en Argentina, los últimos cuatro años del kirchnerismo empeoró claramente y dejó una situación complicada. El Gobierno tomó un enfermo con 39 grados de temperatura, pero le metió un ajuste y lo llevó a 41°. Le agravó la enfermedad.

Si le pido un manual breve de soluciones para la Argentina, ¿qué me dice?
-Que todos coman bien, primero; fortalecer la escuela después, reducir los niveles de desigualdad y a la vez crear trabajo genuino como cierre de todas esas articulaciones.

 

Diario Clarín / Política / Osvaldo Pepe – 06/08/2017